21 may 2010

Ni Viva, Ni Muerta, Ni Triste, Ni Alegre*

En la clase de esta mañana de arte argentino vimos la producción casi completa de Victor Grippo, entre ellas, una se llamaba igual que el título que elegí hoy, y más allá de lo que remita la obra en sí, estuve toda la tarde repitiendo como un mantra estas palabras, hasta que en un momento, noté que ese es mi estado estos días.
Evidentemente para Él no estoy viva. Para mi no estoy viva en cuanto a ciertos sentimientos y acciones. Tampoco estoy muerta, ni para Él ni para mi porque todavía percibo una mínima luz intermitente en lo que quiero transmitir.
No me siento triste, ni me siento alegre. Ninguna de las dos cosas al extremo. Podría decir que estoy inestable... pero me agradó el título de la obra, y a fin de cuentas, tengo que admitir que en el arte siempre un se encuentra con mensajes ocultos, quizás sea una de las tantas cualidades por las que me atrapa tanto el arte.

Cuando miro, leo o estudio arte me encanta desmenuzar títulos, leerlos dos, tres o hasta cuatro veces y después desvirtuarlos, o ver una obra de arte y no entenderla (casi siempre me pasa con Pollock), por eso cuando me canso de todo y quiero intentar no pensar en un análisis formal de una obra, pienso en Pollock, porque sé que debería ahondar más para llegar a un análisis formal.
Con las obras de Pollock me pasa algo extraño, me gusta ver e imaginar el proceso de la tela pero no me gusta la obra terminada, me parece espantosa, no me transmite absolutamente nada.
Es como lo que pasa con las personas: las rechazas o te gustan.
Incluso, a veces, uno se siente atrapado ante una persona a la cual rechaza. Siempre algo de ella te intriga.

Las opiniones son subjetivas, la vida es subjetiva, y el arte también es subjetivo.

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