2 may 2010

La Alegría de Vivir*

"No solemos prestar la debida atención al importante papel que cumple la cama en nuestras vidas. Frida Kahlo, pintora mexicana, esposa del muralista Diego Rivera, encontraba en la cama un refugio, potro de tortura, un altar sagrado. Frida era un animal herido.
Frida murió en julio de 1954, una semana después de cumplir cuarenta y siete años. Unos meses más tarde Diego Rivera convirtió la casa en un museo, ahí está la cama en la que Frida murió.

Frida solía decir: "Me pinto a mí misma porque estoy a menudo sola y porque soy el tema que mejor conozco".

La vida de Frida abunda en misteriosas coincidencias y parece estar extrañadamente predestinada. A los seis años enfermó de poliomelitis, de la cual su pierna derecha quedó mas delgada y perduró una cojera leve. A los dieciocho años iba en autobús a la escuela, cuando un tranvía les embistió. Fue un grave accidente, con varios muertos, según los testigos fue un accidente extraño. Frida apareció desnuda entre los hierros; la barra del pasamanos entró por un costado y salió por la vagina. Un tarro de pintura que alguien llevaba se había derramado sobre ella y estaba cubierta de purpurina dorada, era una estatua de dolor en carne, sangre y oro.

El accidente le partió la columna en tres partes, le rompió el fémur y las costillas, le fracturó tres veces la pelvis y once veces las piernas y le aplastó por completo el pie derecho.

Todos llevamos dentro nuestra propia muerte, toda vida es irse desviviendo, pero Frida falleció precisamente de las heridas de aquel choque, tras casi tres décadas de un constante y terrible deterioro.

Frida tenía tantas ganas de vivir que dos años más tarde del accidente, consiguió llevar una vida prácticamente normal, aunque se sintiera constantemente agotada y sufriera dolores en la espalda y la pierna.

Al pasar los años, el cuerpo de Frida se deshacía, el pie se le ulceraba, la espalda se le torcía, anciaba tener hijos y no podía (sufrió cinco abortos, y guardaba un feto humano metido en un frasco con formol). Desde 1944 hasta su muerte, usó ventiocho corsés de distintos materiales. Tomaba una botella al día de cognac para aliviar el dolor.
A partir de 1944 dependía de la morfina tras dolores insoportables. Tenía la pierna derecha gangrenada y en 1953 se la amputaron desde la rodilla. Sus últimos años son espantosos, sin embargo su último cuadro fue un bodegón en el que escribió "VIVA LA VIDA".

Para 1953 se inauguró la primer gran exposición de Frida en México, ella estaba tan mal que todo el mundo imaginó que no iría, pero a Diego se le ocurrió una idea: mandar la cama e instalarla en el medio de la sala de exposiciones, así asistió Frida a su fiesta de inauguración".

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